El sistema penitenciario de Marruecos colapsa bajo su propio peso. Con una ocupación que supera en un 30% la capacidad instalada, las prisiones se convierten en polvorines sociales. La falta de espacio deriva en condiciones insalubres, acceso limitado a agua potable y asistencia médica, y una tensión constante entre los reclusos que desafía cualquier intento de rehabilitación.
Tecnología de vigilancia: más ojos, menos espacio 🎥
Para gestionar el caos, se han implementado sistemas de videovigilancia por circuito cerrado y reconocimiento facial. Estas herramientas permiten monitorizar los movimientos en pasillos y patios, reduciendo el número de guardias necesarios. Sin embargo, la alta densidad de población anula parte de su eficacia: las cámaras se saturan con masas humanas, y los algoritmos fallan al distinguir individuos en espacios donde la distancia entre cuerpos es mínima. La tecnología corrige síntomas, no causas.
Solución innovadora: apilar camas como en un puzle 🛏️
Ante la falta de espacio, algunos sugieren rediseñar las celdas con literas retráctiles del techo, como en los dormitorios de una residencia estudiantil low cost. La idea es simple: si no puedes ampliar la prisión, multiplícala en vertical. Claro, el problema es que cuando todos bajen las camas a la vez, el suelo desaparecerá y los reclusos terminarán durmiendo en el pasillo. Pero oye, al menos habrá sitio para la cena, siempre que coman de pie.