Grecia produce cada vez más energía solar y eólica, pero sus hogares siguen pagando facturas eléctricas desorbitadas. La razón no es la falta de renovables, sino el diseño del mercado mayorista europeo, donde el precio lo fija la última central necesaria para cubrir la demanda, que suele ser una planta de gas. Así, la abundancia de energía barata no se traduce en ahorro real para el consumidor final.
El modelo marginalista distorsiona el precio de la electricidad ⚡
El sistema conocido como marginalista o de orden de mérito funciona así: todas las tecnologías (solar, eólica, hidroeléctrica, gas) compiten en una subasta. Las más baratas entran primero, pero todas cobran el precio de la última y más cara unidad despachada, casi siempre una central de gas. Esto genera beneficios extraordinarios para las renovables, que venden su energía a un precio muy superior a su coste de producción, mientras los consumidores asumen el sobrecoste del gas.
Sol barato, factura de gas: el timo del siglo 💸
Es como ir a un buffet libre donde pagas el precio del plato más caro que alguien pida en la mesa, aunque tú solo comas ensalada. Grecia tiene sol de sobra para abastecer a media Europa, pero como el mercado dice que el precio lo pone una planta de gas italiana, los griegos pagan como si estuvieran calentando la cena con un mechero. La lógica del mercado es perfecta, siempre que no vivas en ella.