Publicado el 08/05/2026 | Autor: 3dpoder

Goro Miyazaki: heredar un legado sin repetir la fórmula

Goro Miyazaki carga con un apellido que pesa más que un Totoro de plomo. Hijo del maestro Hayao, ha decidido no calcarlo. Su cine explora dramas sociales y conflictos entre generaciones, dejando de lado la fantasía desbordada para centrarse en un realismo nostálgico y humano. Desde La colina de las amapolas hasta Cuentos de Terramar, busca un equilibrio entre el legado familiar y su propia voz.

Goro Miyazaki frente a un atardecer dorado, con un lápiz y bocetos de 'La colina de las amapolas' a sus pies, mientras una sombra de Totoro se difumina detrás de él.

El salto al CGI sin perder el alma artesanal 🎨

Goro no le huye a la tecnología. En Ronja, la hija del bandolero, su serie para Ghibli, apostó por una animación 3D que muchos puristas miraron con recelo. Pero el resultado no fue un simple experimento técnico: logró que el CGI conservara la calidez del dibujo tradicional, con texturas que recuerdan a la acuarela. Su enfoque es práctico: usar herramientas modernas para resolver problemas narrativos, no para lucirse. Así, el drama social y los paisajes adquieren una textura que ni el 2D ni el 3D puro lograrían por separado.

El hijo pródigo que cocina sin la receta del padre 🍳

Ser el heredero de Miyazaki debe ser como recibir un Ferrari con el manual de instrucciones en japonés antiguo. Goro lo sabe, y por eso prefiere estrellarse con dignidad antes que copiar el viaje. Mientras su padre hacía volar castillos, él prefiere mostrar cómo se pudre una sociedad. Y aunque Cuentos de Terramar le valió más críticas que abrazos, al menos demostró que no le da miedo meter la pata con estilo. Al fin y al cabo, siempre puede decir: Papá, al menos yo no necesito un bosque mágico para contar una historia.