El veterano director británico John Eliot Gardiner, de 83 años, ofreció el cierre de su gira española en Zaragoza al frente de su nueva Constellation Orchestra. El programa combinó obras de Arriaga y Mozart con un refinamiento notable, aunque la lectura de Haydn careció de la energía teatral que su música suele exigir. Para el público, la velada confirmó que la música clásica sigue siendo un ocio cultural accesible y de calidad.
La precisión orquestal como base del desarrollo sonoro 🎻
La Constellation Orchestra mostró un ensamblaje técnico sólido, con cuerdas limpias y vientos equilibrados que permitieron a Gardiner explorar texturas claras en las partituras de Arriaga y Mozart. Sin embargo, en la sinfonía de Haydn se echó en falta esa chispa dramática que transforma la ejecución en diálogo escénico. La dirección, más contenida que en sus años mozos, priorizó la transparencia sobre el impacto, lo que resultó en una versión correcta pero poco memorable del repertorio más vivo.
Haydn se queda con las ganas de fiesta 😴
Parece que Gardiner decidió que Haydn necesitaba una siesta en lugar de una fiesta. El público, educado y paciente, aplaudió con cortesía británica, aunque algunos salieron silbando el tema principal de la sinfonía como quien tararea una canción de ascensor. Al final, la velada demostró que incluso un director legendario puede tener un día de perfil bajo, y que la música clásica, como el vino, a veces se sirve mejor a temperatura ambiente que con burbujas.