El Hombre Plano, o Flatman, creado por John Byrne, posee la capacidad de comprimir su cuerpo a un grosor bidimensional. Esta habilidad, que en el cómic permite el sigilo y la infiltración, se convierte en una metáfora poderosa para el activismo digital. Analizamos cómo el arte en 3D puede reinterpretar esta condición para criticar la pérdida de identidad en la era de la vigilancia y la homogeneización visual.
Modelado y animación: de la compresión física a la abstracción social 🎨
Para desarrollar una obra conceptual, el primer paso es modelar un cuerpo humano base en software como Blender o ZBrush. La clave técnica reside en la deformación por nodos: aplicando un modificador de escala no uniforme en el eje Z (grosor) hasta reducirlo a 0.001 unidades. La iluminación debe ser lateral extrema para que la silueta casi desaparezca, generando una textura de borde que recuerde a un sprite de videojuego. La animación, mediante cinemática inversa, mostraría al personaje deslizándose por rendijas urbanas, perdiendo volumen y color hasta convertirse en una línea de píxeles, simbolizando cómo el sistema reduce a las personas a datos planos.
Invisibilidad bidimensional: una crítica a la identidad digital 👁️
La obra final, compuesta por una animación en loop y una serie de renders, busca que el espectador se sienta incómodo ante la desaparición del volumen humano. Al igual que Flatman se vuelve invisible de perfil, los usuarios en redes sociales aplanan su identidad para encajar en algoritmos. El activismo visual aquí radica en mostrar esa pérdida como una anomalía grotesca: un cuerpo que deja de ser tridimensional para convertirse en un mero dato visual, una crítica directa a la homogeneización forzada por las plataformas digitales.
Como puede la habilidad de Flatman para volverse bidimensional transformar la invisibilidad física en una herramienta de protesta visual dentro del activismo digital?
(PD: si tu instalación de realidad virtual no cambia el mundo, al menos que no dé lag)