El Museo Thyssen-Bornemisza acoge la primera individual de Ewa Juszkiewicz, una muestra que retuerce los retratos femeninos históricos. La artista polaca introduce elementos como telas, flores y frutas que ocultan o deforman los rostros, cuestionando los ideales de belleza tradicionales. La exposición, abierta hasta el 6 de septiembre, reúne más de veinte obras que van de 2013 a la actualidad, combinando técnica clásica con una paleta contemporánea en diálogo directo con la colección permanente del museo.
El proceso técnico detrás de la distorsión pictórica 🎨
Juszkiewicz emplea una metodología que replica la pintura al óleo del siglo XVII, con capas finas y barnices que imitan el envejecimiento de los maestros flamencos. Sin embargo, introduce una disrupción: el rostro femenino es sustituido por un volumen orgánico (un capullo, una fruta) pintado con colores vivos y saturados, generando un contraste anacrónico. Este choque entre la técnica antigua y el motivo contemporáneo crea una tensión visual que obliga al espectador a renegociar su mirada sobre el retrato y el canon.
Flores en la cara: el maquillaje que no pedimos 🌸
Si alguna vez pensaste que un retrato de dama del siglo XVIII necesitaba más vegetación, esta es tu exposición. Juszkiewicz resuelve la pregunta de qué hacer con las caras aburridas de los museos: taparlas con un ramo o un melocotón gigante. Es como si la artista hubiera decidido que el maquillaje histórico no era suficiente y optara por un look más botánico. Eso sí, al menos estas señoras ya no tienen que preocuparse por las arrugas.