El cuarto Campeonato Europeo de Mullet reunió en Bélgica a cientos de participantes de Francia, España e Inglaterra para celebrar este peinado de contrastes: serio por delante, festivo por detrás. Los jueces valoraron criterios como tolerancia, amabilidad y libertad personal, más allá del largo del cabello. Los campeones absolutos de 2026 fueron Berenice y Samuel, del colectivo BesaMulet, quienes demostraron que el mullet es un símbolo de apertura y diversidad que ayuda a superar dificultades, como el caso de una concursante belga de 60 años.
El algoritmo del flequillo: cómo la tecnología mide la libertad capilar 💻
Para evaluar la simetría y el volumen de la melena trasera, los organizadores emplearon un sistema de escaneo 3D y análisis de densidad capilar. Un software de visión artificial calculaba la proporción entre el flequillo y la nuca, mientras que un sensor de humedad ambiental ajustaba los parámetros para evitar sesgos climáticos. El resultado se cruzaba con datos de encuestas de percepción social de los participantes, midiendo así la tolerancia del peinado en entornos laborales. La tecnología permitió que el juicio fuera objetivo, aunque el factor humano siguió pesando en la categoría de amabilidad.
Peluqueros, abstenerse: el mullet no se peina, se declara ✂️
Mientras los concursantes belgas se alisaban el flequillo con planchas de titanio, los españoles llegaban con el pelo revuelto y un aire de que ellos ya habían ganado por simpatía. Un inglés con cresta trasera juró que su mullet era un homenaje a los años 80, aunque parecía más un homenaje a un gato mojado. Lo mejor fue ver a un francés discutir con el juez porque su nuca era más filosófica que la del vecino. Al final, todos coincidieron: el mullet no se peina, se vive. Y se lava, de vez en cuando.