Un estudio conjunto del ETH Zurich y el GEOMAR Helmholtz Centre ha detectado zinc de origen humano en el Pacífico Sur, el océano más aislado del mundo. Este metal, liberado por la quema de combustibles fósiles y procesos industriales, viaja miles de kilómetros en aerosoles antes de depositarse en el agua. Hoy, su concentración antropogénica supera a la natural en esa región.
Cómo la contaminación viaja por el aire y llega al mar 🌍
El zinc emitido por chimeneas y tubos de escape no cae de inmediato. Se adhiere a partículas finas en la atmósfera, formando aerosoles que las corrientes de aire desplazan a escala global. Al llegar al océano, estos aerosoles se disuelven o sedimentan. Los investigadores usaron isótopos de zinc para distinguir el metal natural del humano. La señal antropogénica es clara: domina incluso en el Pacífico Sur, un área sin grandes fuentes locales de emisión.
El océano más puro ya tiene nuestro sello industrial 🌊
Pensábamos que el Pacífico Sur era el rincón virgen del planeta, un spa marino sin tocar por la mano del hombre. Pero resulta que hasta allí llega nuestro zinc, cortesía de fábricas y coches. Es como si dejaras una huella dactilar en una playa desierta, solo que la huella es química y no se va con la marea. El océano más remoto ya tiene posavasos industriales.