Tras tres décadas de silencio, Manolo García y Quimi Portet volvieron a compartir escenario en Barcelona. El Estadi Olímpic acogió a 56.000 personas que corearon himnos de barrio y escepticismo. La noche evocó una ciudad previa a los Juegos Olímpicos, con canciones que mezclan el asfalto, el underground y la duda ante un progreso que nunca llega del todo.
La ingeniería de sonido en un estadio de 56.000 almas 🎵
Montar un directo de esta escala en un recinto olímpico exigió un sistema de sonido con más de 120 puntos de refuerzo. Se desplegaron arrays lineales de última generación para evitar solapamientos y garantizar claridad en cada rincón. La consola digital central gestionó 64 canales simultáneos, con procesado dinámico para controlar la reverberación natural del estadio. Un despliegue técnico que permitió que cada acústica llegara nítida al último asistente.
El progreso que no llegó, pero el pedal de delay sí 🎸
Mientras los asistentes coreaban aquello de que el progreso no llega a su barrio, los técnicos se afanaban en ajustar los pedales de delay de Quimi Portet. Ironías del directo: 56.000 personas negando el avance tecnológico mientras disfrutan de un sistema de sonido que costaría más que el PIB de un barrio entero. Al final, todos contentos: los ingenieros, los músicos y los que siguen esperando ese progreso, pero con mejor sonido.