Los hosteleros de El Tubo, el corazón del tapeo zaragozano, han recibido con alivio la futura ordenanza cívica que sancionará comportamientos incívicos. La norma, que busca poner freno a las despedidas de soltero más ruidosas y groseras, contempla multas de hasta 3.000 euros por pintadas, orines en la vía pública o actitudes molestas. Una medida que los bares de la zona llevaban años reclamando para recuperar la convivencia.
Vigilancia inteligente: sensores y cámaras para mapear el ruido 🎧
Para aplicar las sanciones, el ayuntamiento desplegará una red de sensores acústicos en los puntos críticos de El Tubo. Estos dispositivos, conectados a un sistema de análisis de datos, permitirán medir en tiempo real los picos de ruido y geolocalizar el origen de las molestias. Las imágenes de las cámaras de seguridad, con visión nocturna y reconocimiento de patrones, servirán como prueba para identificar a los infractores. Un desarrollo técnico que, según fuentes municipales, agilizará las denuncias sin necesidad de intervención policial inmediata.
Adiós al penacho de plumas, hola al bolsillo vacío 💸
Los grupos de despedidos, que hasta ahora campaban a sus anchas disfrazados de dinosaurios o con coronas de colores, tendrán que replantearse su estrategia. Porque si antes el mayor riesgo era mancharse la camiseta de cubata, ahora la amenaza real es una multa que equivale a pagar tres barras de pinchos de la zona. Algunos hosteleros ya bromean con que, a este paso, la tradición zaragozana de ir de tapas se convertirá en un deporte de riesgo para carteras ajenas.