Publicado el 16/05/2026 | Autor: 3dpoder

El Tubo respira: multas de 3.000 euros contra el caos de las despedidas

Los hosteleros de El Tubo, el corazón del tapeo zaragozano, han recibido con alivio la futura ordenanza cívica que sancionará comportamientos incívicos. La norma, que busca poner freno a las despedidas de soltero más ruidosas y groseras, contempla multas de hasta 3.000 euros por pintadas, orines en la vía pública o actitudes molestas. Una medida que los bares de la zona llevaban años reclamando para recuperar la convivencia.

Narrow medieval street of El Tubo, Zaragoza, chaotic bachelor party crowd spilling from bars, a waiter holding a tablet displaying a digital penalty notice icon, a street cleaner spraying a wall with a pressure washer removing graffiti, a puddle on cobblestones reflecting neon bar lights, cinematic photorealistic style, dramatic chiaroscuro lighting, steam rising from cleaning process, motion blur on laughing figures, high-angle shot emphasizing congestion, technical urban documentation aesthetic, ultra-detailed stone textures and wet pavement reflections

Vigilancia inteligente: sensores y cámaras para mapear el ruido 🎧

Para aplicar las sanciones, el ayuntamiento desplegará una red de sensores acústicos en los puntos críticos de El Tubo. Estos dispositivos, conectados a un sistema de análisis de datos, permitirán medir en tiempo real los picos de ruido y geolocalizar el origen de las molestias. Las imágenes de las cámaras de seguridad, con visión nocturna y reconocimiento de patrones, servirán como prueba para identificar a los infractores. Un desarrollo técnico que, según fuentes municipales, agilizará las denuncias sin necesidad de intervención policial inmediata.

Adiós al penacho de plumas, hola al bolsillo vacío 💸

Los grupos de despedidos, que hasta ahora campaban a sus anchas disfrazados de dinosaurios o con coronas de colores, tendrán que replantearse su estrategia. Porque si antes el mayor riesgo era mancharse la camiseta de cubata, ahora la amenaza real es una multa que equivale a pagar tres barras de pinchos de la zona. Algunos hosteleros ya bromean con que, a este paso, la tradición zaragozana de ir de tapas se convertirá en un deporte de riesgo para carteras ajenas.