Un estudio del Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa revela que a principios del siglo XIII el Sol experimentó ciclos solares de solo 6 o 7 años, mucho más cortos que los actuales, pero de una intensidad extrema. La investigación combina un poema japonés de 1204 que describe auroras visibles en Japón con el análisis de isótopos de carbono-14 en anillos de árboles enterrados en el norte del país. Estas dos fuentes permitieron datar con precisión eventos solares que hoy conocemos como ciclos de aproximadamente 11 años.
Cómo el carbono-14 en anillos de árboles revela el pasado solar 🌲
La clave del estudio está en los isótopos raros como el carbono-14, que se generan cuando la intensa actividad solar impacta la atmósfera terrestre. Estos isótopos quedan atrapados en los anillos de los árboles, funcionando como un registro histórico de la actividad solar. Al analizar muestras de árboles enterrados en el norte de Japón, los investigadores detectaron picos de carbono-14 que coinciden con el periodo descrito en el poema de 1204. Este método permite reconstruir ciclos solares pasados con una precisión que otras técnicas no ofrecen, revelando un Sol más errático de lo que se pensaba.
El Sol tenía prisa: ciclos de 7 años para acabar antes el trabajo ☀️
Parece que en el siglo XIII el Sol decidió acelerar el ritmo y completar sus ciclos en solo 6 o 7 años, como un trabajador que quiere irse temprano a casa. Mientras tanto, los japoneses de la época disfrutaban de auroras boreales en su propio país, algo que hoy solo ven los que viven cerca del Polo Norte. Ahora sabemos que el Sol no siempre fue tan perezoso como ahora con sus ciclos de 11 años; antes era más intenso, pero también más impaciente. Quizás deberíamos pedirle que vuelva a ese ritmo para que los científicos tengan algo más interesante que estudiar.