Cada cuatro años, los partidos nos venden su programa como si fuera una biblia de soluciones. Lo prometen todo en mítines y debates, lo veneramos en las urnas con la fe del converso, y al día siguiente del triunfo, el documento reposa en un cajón. Es el ciclo de vida de una promesa: nace para ser olvidada.
El código fuente de las promesas incumplidas 💻
Desde un punto de vista técnico, un programa electoral se asemeja a un software sin test de calidad. Se escribe con prisas, se llena de parches populistas y no pasa por una fase de debugging real. Su código promete funciones imposibles, como un algoritmo que resuelva la pobreza sin memoria RAM. Cuando el sistema operativo del gobierno arranca, el programa se convierte en un legacy: nadie lo toca por miedo a que el sistema crashee.
La papelera de reciclaje del Congreso 🗑️
Lo mejor es que los políticos guardan esos programas en carpetas con nombres tipo promesas2024_final_v2 que nunca abren. Si el programa fuera un software, su EULA diría: Al votar, aceptas que este texto es decorativo. La ironía es que los únicos que lo leen de verdad son los becarios que lo maquetan. Luego, cuando preguntas por qué no se cumple, te dicen que hubo un error de compilación. Viva el código fuente de la democracia.