En 2005, el primer God of War estuvo a punto de presentar a un Kratos muy distinto: un guerrero con casco, armadura completa y alas para volar. Ese diseño de héroe clásico se descartó por el espartano calvo y semidesnudo que todos conocemos. Sin embargo, esas ideas no se perdieron del todo: las Alas de Ícaro aparecieron en God of War 2, y el escudo llegó en la saga de 2018. Este artículo analiza cómo esas decisiones tempranas moldearon al personaje y qué ideas podrían resurgir en futuros juegos, como un posible viaje a Egipto.
El motor gráfico que cambió el rostro de Kratos 🎮
David Jaffe, director del primer God of War, explicó que el diseño original buscaba un aspecto más épico y clásico, pero chocaba con las limitaciones técnicas de la época. El casco y la armadura completa dificultaban la animación de las cinemáticas y las secuencias de combate cuerpo a cuerpo. Además, las alas para volar requerían un sistema de físicas que el motor de PlayStation 2 no podía manejar sin sacrificar fluidez. Por eso, optaron por un Kratos más simple visualmente, con texturas detalladas en la piel y un modelado que permitiera movimientos rápidos y brutales. Esa decisión técnica definió la identidad del personaje durante toda la saga.
El casco que terminó en el baúl de los recuerdos 😅
Imagina a Kratos con casco, armadura completa y alas doradas, volando por Grecia como un superhéroe de los años 50. Menos mal que alguien en Sony dijo esto parece un Power Ranger. El diseño final, con el torso desnudo y la calavera rapada, resultó mucho más práctico: no tenía que preocuparse por el polvo del casco ni por las plumas atascadas en las puertas del Olimpo. Además, así los fans pueden ver sus abdominales mientras destruye dioses. Quién sabe, quizá en el futuro viaje a Egipto con un tocado de faraón, pero esperemos que no.