El Ayuntamiento de Palma ha tumbado el proyecto inicial del futuro bar El Pesquero, ubicado en pleno centro histórico. La decisión se basa en el fuerte impacto visual que genera la propuesta arquitectónica, considerada incompatible con el entorno patrimonial. El rechazo deja en el aire la concesión del espacio y obliga a los promotores a replantear su diseño para evitar un contraste excesivo con la estética de la zona.
Diseño paramétrico y normativa patrimonial: el conflicto entre innovación y contexto 🏛️
El proyecto inicial del bar apostaba por volúmenes angulares y materiales reflectantes, una solución que buscaba destacar como hito contemporáneo. Sin embargo, el informe técnico municipal señala que el diseño rompe la continuidad visual de un área con edificios de los siglos XVIII y XIX. La normativa de protección exige integración cromática, alturas homogéneas y fachadas con texturas tradicionales. El uso de acero corten y vidrio tintado, sin transiciones suaves, fue el detonante del rechazo. Ahora, los arquitectos deberán ajustar el proyecto con herramientas de simulación lumínica y volumétrica para medir su encaje.
El bar que quería ser un ovni y acabó en la papelera de urbanismo 🛸
Los promotores soñaban con un local que pareciera sacado de una nave espacial aterrizando en medio de un casco histórico. Pero el Ayuntamiento, en lugar de darle la bienvenida a los marcianos, prefirió recordarles que en Palma los códigos postales no admiten naves nodrizas. Ahora toca redibujar un chiringuito que, como mínimo, no parezca que va a despegar cada vez que sirvan una caña. Eso sí, si logran integrarlo, será el único bar donde puedas pedir una tapita y sentir que estás en un museo.