El motor Rutherford de Rocket Lab rompe con los esquemas tradicionales de la propulsión espacial. Con solo 35 kilogramos de peso, sustituye las complejas turbinas de gas por motores eléctricos alimentados con baterías de litio-polímero. Nueve de estos motores impulsan la primera etapa del cohete Electron, generando 24 kN de empuje cada uno, mientras que la segunda etapa utiliza una versión optimizada para el vacío.
Producción rápida con impresión 3D y objetivos ambiciosos 🚀
Cada componente principal del motor Rutherford se fabrica mediante impresión 3D, lo que permite ensamblar una unidad completa en un solo día. Rocket Lab ha establecido un objetivo de producción anual de 200 motores. Para finales de 2025, más de 800 unidades habían volado en más de 70 misiones del cohete Electron. Este enfoque industrial contrasta con los plazos de fabricación de motores tradicionales, que suelen requerir semanas o meses.
Adiós a las turbinas: ahora el espacio funciona con pilas 🔋
A los ingenieros aeroespaciales clásicos les debe dar un vuelco el corazón: el motor Rutherford funciona con baterías recargables, como un juguete de control remoto, pero con la potencia suficiente para poner satélites en órbita. Lo mejor es que si se queda sin carga, no se puede enchufar a la red eléctrica del espacio. Por suerte, la quema de propelente termina antes de que el cohete necesite un power bank.