Un estudio reciente propone que el agua helada en los polos de Mercurio no se formó allí, sino que fue traída por el impacto de un cometa o asteroide rico en hielo. Protegida en cráteres que nunca ven la luz solar directa, esta capa de hielo habría persistido durante miles de millones de años, explicando un misterio que ha desconcertado a los astrónomos desde su descubrimiento.
Cómo un solo impacto pudo sembrar los polos de hielo 🧊
Los autores del estudio modelaron el impacto de un objeto helado de gran tamaño. La simulación muestra que el material liberado se distribuyó de forma selectiva, depositándose solo en las zonas permanentemente sombreadas de los cráteres polares. Allí, la temperatura no supera los -170 °C, lo que permite que el hielo se mantenga estable sin sublimarse. Este mecanismo, que ocurre en un solo evento, resuelve la pregunta de cómo un planeta tan cercano al Sol puede albergar depósitos de agua.
Mercurio: el planeta que pidió hielo para su café ☕
Así que Mercurio, el mundo más cercano al Sol y famoso por freír cualquier cosa a 430 °C de día, resulta que tiene hielo en sus polos. La explicación: un cometa kamikaze que estampó su carga helada justo en los rincones oscuros. Como si un repartidor de bebidas frías se hubiera equivocado de dirección y, en vez de dejarlas en la nevera, las hubiera tirado en el desierto. Eso sí, el hielo llegó para quedarse.