Nos venden coches eléctricos y molinos como la solución definitiva contra el cambio climático. Pero para fabricar una batería de 500 kilos se remueven toneladas de tierra en Chile o Bolivia, se desvían ríos enteros y, según informes de la ONU, hay menores trabajando en minas de cobalto en el Congo. Cambiamos la dependencia del crudo por otra, igual de sucia, pero con un envoltorio verde.
El coste real de la transición energética 🌍
Cada aerogenerador de 3 MW necesita unas 300 toneladas de acero, 4 toneladas de cobre y tierras raras extraídas con ácido sulfúrico. Un vehículo eléctrico requiere seis veces más minerales que uno de combustión. Mientras tanto, en el Salar de Uyuni, el litio se bombea con agua dulce, secando humedales milenarios. La huella ecológica de la salvación tecnológica es un cráter de 400 metros de ancho. No es sostenible, es trasladar el problema.
El dilema del progreso: aplaudir con el móvil mientras se funde la tierra 📱
Lo mejor es que el ecologista de salón puede sentirse héroe desde su sofá. Compra un Tesla con un clic, cuelga un póster de un molino en el salón y comparte memes de Greta. Pero que no mire muy de cerca el teléfono desde el que tuitea, porque lleva coltán extraído en condiciones de semiesclavitud. La coherencia es como el litio: escasa, cara y enterrada bajo toneladas de hipocresía.