Los comités de ética de un partido político operan como versiones laicas de los tribunales internos de una secta. Su función no es juzgar con imparcialidad, sino preservar la ortodoxia del grupo. Así como en una secta se castiga la desviación doctrinal, en estos comités se sanciona cualquier crítica que rompa la disciplina de partido. La transparencia brilla por su ausencia.
Algoritmos de lealtad y sesgo de confirmación 🤖
En el ámbito tecnológico, estos comités replican el sesgo de confirmación de un modelo de IA mal entrenado. Los datos de entrada son las denuncias; los pesos, las relaciones de poder; y el output, una resolución que refuerza la jerarquía existente. No hay depuración de ruido ni validación cruzada. El sistema está diseñado para minimizar falsos positivos contra la cúpula y maximizar la tasa de acierto en señalar a disidentes. Es un bucle de retroalimentación que solo admite una dirección.
El comité que investiga menos que tu antivirus 🐢
Estos comités tienen la agilidad de un ordenador de los 90 ejecutando Windows Vista. Su proceso de investigación es tan lento que podrías jubilarte antes de que emitan un veredicto. Eso sí, si el acusado es un crítico interno, la velocidad de proceso se acelera como si tuviera un SSD cuántico. La única prueba admitida suele ser un rumor escuchado en el pasillo, con la fiabilidad de un captcha que no ves bien.