Publicado el 09/05/2026 | Autor: 3dpoder

El cierre nuclear disparó el uso de gas y carbón en la red eléctrica

Cuando se tomaron decisiones para apagar varias centrales nucleares, se anticipaba un futuro más limpio. La realidad fue distinta. Al faltar esa generación estable, se recurrió a centrales de gas y carbón que estaban en reserva. Durante varios años, las emisiones de CO2 subieron mientras se quemaban combustibles fósiles para cubrir la demanda. Un giro que pocos esperaban.

Una central nuclear apagada y en sombras; al fondo, chimeneas de carbón y gas expulsan humo denso bajo un cielo gris.

El vacío nuclear y la dependencia técnica de los fósiles ⚡

Las nucleares operan con un factor de carga superior al 90%, generando electricidad de base sin interrupciones. Al cerrarlas, la red perdió esa potencia firme. Las renovables, pese a su crecimiento, no garantizan suministro constante. Para evitar apagones, se activaron ciclos combinados de gas y centrales de carbón. Estos equipos, diseñados para respaldo, pasaron a operar de forma continua. El resultado fue un aumento en la factura de combustibles y en las emisiones de carbono durante al menos tres años consecutivos.

Apagar lo limpio para encender lo sucio: genial idea 💡

Resulta que cerrar una central que apenas emitía CO2 para encender una de carbón es como dejar el grifo del agua potable para beber del retrete. Pero oye, seguro que fue una decisión muy meditada. Al final, el aire se llenó de humo, las facturas subieron, y lo único que quedó claro es que, a veces, lo que parece un avance ambiental es solo un viaje de ida a la estación de carbón 🚂.