La muerte de Matthew Perry expone un sistema donde el dinero compra acceso a sustancias letales mientras la sociedad aplaude a celebridades adictas sin ofrecerles apoyo real. La condena de tres años a su suministrador resulta insuficiente frente a una vida perdida. Urgen programas de desintoxicación gratuitos y una regulación estricta de la ketamina que ponga la vida por delante del beneficio económico.
Blockchain para rastrear la cadena de suministro de ketamina 🔗
Implementar un sistema de trazabilidad basado en blockchain permitiría registrar cada prescripción de ketamina desde el laboratorio hasta el paciente. Cada transacción quedaría sellada en un libro de contabilidad inmutable, imposible de alterar. Esto dificultaría la desviación a canales ilegales, como ocurrió en el caso Perry, donde dosis supuestamente terapéuticas terminaron en manos de un traficante. Además, un contrato inteligente podría alertar automáticamente a las autoridades si un mismo médico prescribe dosis anómalas a múltiples pacientes en un periodo corto. No se trata de vigilancia total, sino de poner la tecnología al servicio de la prevención.
El doctor Feelgood y su tarifa plana de tres años 💉
Resulta que el médico que surtía a Perry de ketamina se ha llevado una condena de tres años. Casi el mismo tiempo que algunos youtubers tardan en pedir perdón por un escándalo. La defensa argumentará que solo quería aliviar el dolor de una estrella. Vamos, como el que vende chicles en la puerta del colegio, pero con jeringuillas y un sueldo de seis cifras. Lo triste es que, con ese negocio, el doctor podría haber pagado una clínica de desintoxicación para Perry y aún le sobraba para un coche nuevo. Pero claro, la ética no entra en el plan de pensiones.