El tráfico de camiones en Europa tiene un chivo expiatorio: el paso del Brennero. Suiza limita el tránsito con tasas y restricciones, pero la carga se desvía hacia Austria e Italia, concentrando la contaminación y el ruido en unos pocos valles. La hipocresía europea es evidente: se prioriza el comercio rápido sobre la salud de los residentes, que soportan el peaje invisible de respirar diésel.
Un sistema de tasas por kilómetro como solución técnica 🚛
La respuesta no pasa por subir peajes locales, sino por implantar un sistema coordinado de tasas por kilómetro en toda la ruta, con restricciones horarias para camiones. Esto obligaría a las empresas a internalizar el coste real de la contaminación y el ruido. Además, se debe trasladar parte del tráfico al ferrocarril, usando incentivos económicos directos. Sin una red de tarifas homogénea, el Brennero seguirá siendo el vertedero del transporte europeo.
El camionero invisible que paga el diésel con salud pulmonar 😷
Mientras los políticos brindan por el mercado único, los vecinos del Brennero hacen yoga con mascarilla FFP2. La solución europea parece ser: que el aire malo se vaya a los Alpes, que allí el viento lo barre. O no. Lo curioso es que nadie propone que las empresas paguen el coste real de cada kilómetro recorrido. Quizás porque entonces el comercio dejaría de ser tan barato... para ellos.