Hiroyasu Ishida, cofundador de Studio Colorido, ha construido una carrera basada en la inocencia y la maravilla de la niñez. Desde cortometrajes independientes hasta largos como El misterio de los pingüinos y Hogar a la deriva, su sello es una animación fluida y dinámica que mezcla lo fantástico con la realidad de los niños. No hay trampa: solo mundos que se cuelan por las rendijas de lo cotidiano.
Cómo la animación 2D de Ishida desafía la rigidez del software actual 🎨
La fluidez visual de Ishida no es magia, sino un trabajo técnico minucioso. Studio Colorido combina animación 2D tradicional con herramientas digitales para lograr movimientos que parecen saltarse los fotogramas clave. En Hogar a la deriva, por ejemplo, las transiciones entre lo real y lo onírico se apoyan en un rigging casi invisible y una coreografía de cámara que exige renderizados por capas. No hay atajos: cada escena requiere un control preciso de la interpolación y el timing para que el asombro infantil no se rompa.
El día que Ishida intentó animar un pingüino y casi funde el estudio 🐧
Cuentan que en El misterio de los pingüinos, el equipo de Colorido estuvo a punto de declarar la huelga por culpa de una escena de siete segundos. Ishida quería que un pingüino de hielo se deslizara por una pendiente mientras el fondo se distorsionaba como un sueño de fiebre. El resultado fue que el software de interpolación empezó a generar patas extrañas y el render se atascó tres veces. Al final, un aprendiz dibujó a mano cada fotograma. El pingüino quedó perfecto; el aprendiz, con tendinitis. Así es el asombro infantil: bonito, pero caro.