La cancelación del Opel Insignia eléctrico ha dejado al descubierto una realidad incómoda. Mientras las marcas compiten por lanzar SUV de lujo o deportivos con batería, las familias que necesitan un coche amplio y asequible se quedan sin opciones. Este movimiento, dictado por estrategias de grupo y no por la demanda real, reduce la oferta en un segmento clave y alarga la vida de los motores de combustión en los hogares que más dependen del coche.
Plataformas modulares y el dilema de la rentabilidad 🚗
El Insignia iba a basarse en la plataforma STLA Medium de Stellantis, diseñada para ofrecer autonomías superiores a 500 km con un tamaño de carrocería familiar. Sin embargo, la decisión de no fabricarlo responde a cálculos de rentabilidad interna. Se prioriza la producción de modelos de mayor margen, como el Peugeot 3008 eléctrico, dejando un vacío en el segmento D. Este tipo de estrategias demuestra que la tecnología existe, pero su aplicación se filtra según los intereses de cada filial, no según las necesidades del mercado.
La jugada maestra: un familiar eléctrico que nunca llegó a la línea de salida 😅
Stellantis ha decidido que no, que las familias no necesitan un coche grande sin gasolina. Total, para qué complicarse si puedes comprar un SUV coupé con luces led y un precio que duele. El Insignia eléctrico se queda en el cajón de las buenas ideas, junto a los cargadores universales y los precios sin IVA. Pero no pasa nada, seguro que en la próxima reestructuración de marcas sacan un crossover de siete plazas con un motor que aún no han inventado. Ironías del marketing.