El filósofo francés Edgar Morin, creador de la teoría del pensamiento complejo, falleció a los 104 años. Fue una figura clave en la sociología y filosofía del siglo XX y XXI. Para la ciudadanía, perder a este pensador significa despedir a alguien que promovió entender el mundo de forma interconectada y no simplista. Su legado invita a reflexionar sobre cómo abordamos problemas cotidianos sin caer en reduccionismos.
Pensamiento complejo aplicado al código y al desarrollo 🧩
En desarrollo de software, la teoría de Morin choca con nuestra realidad: frameworks que prometen simplicidad y luego arrastran dependencias kilométricas. Un proyecto no es un algoritmo lineal, sino un sistema vivo donde cada módulo afecta al resto. Ignorar esa interdependencia genera bugs imposibles de rastrear. Aplicar pensamiento complejo aquí significa aceptar que no existe una solución única, sino un ecosistema de decisiones que hay que gestionar con humildad técnica.
La muerte de Morin y el fin de los tuits profundos 📱
Lo irónico es que Morin dedicó décadas a explicar que la realidad no se entiende con un tuit. Y ahora que él se fue, las redes seguirán llenas de frases de autoayuda mal atribuidas. Seguro que en tres días alguien publicará: Morin dijo: la vida es bailable. Morin no dijo eso, pero da igual: el algoritmo lo premiará. Así funciona la complejidad del mundo digital: simplificamos hasta que duele.