Entre 1578 y 1616, Sevilla acumulaba riquezas del Nuevo Mundo, atrayendo a una multitud de personas. Este flujo constante de oro y plata trajo consigo un aumento de la delincuencia. Para controlar el caos, las autoridades locales recurrieron a castigos ejemplares como la horca y el destierro. La ciudad buscaba mantener el orden en medio de su prosperidad.
Ingeniería para la plata: los acueductos de Almadén 🏗️
Mientras Sevilla ahorcaba ladrones, en Almadén se construían acueductos para abastecer de agua las minas de mercurio. Este mineral era esencial para el método de amalgama, que permitía extraer plata de forma eficiente en las colonias americanas. La obra hidráulica, levantada con esfuerzo, garantizaba el suministro continuo para mantener la producción. Sin este avance técnico, la plata no habría fluido con la misma facilidad hacia las arcas reales.
La justicia que no daba abasto ⚖️
Mientras los ingenieros movían agua, la justicia sevillana movía horcas. Los jueces, desbordados por tanto ratero, aplicaban penas duras con la esperanza de asustar a la población. Pero el problema no era la falta de castigo, sino la abundancia de pícaros. Al final, la solución fue simple: si no podías con el delincuente, al menos asegúrate de que la mina de mercurio tuviera agua para seguir produciendo riqueza.