El director japonés Ryusuke Hamaguchi vuelve a Cannes con una película que examina el sentido de la vida ante la muerte. La historia se centra en el encuentro entre una mujer con un diagnóstico terminal y su cuidadora, explorando cómo el capitalismo erosiona los lazos humanos y la posibilidad de una utopía en medio de la finitud.
La arquitectura técnica del acompañamiento humano 🏗️
Hamaguchi emplea planos largos y silencios calculados para construir la tensión entre las protagonistas. Su cámara observa sin juzgar, capturando los microgestos que definen el cuidado mutuo. La banda sonora, minimalista, se limita a sonidos ambientales que refuerzan la sensación de un tiempo suspendido, mientras el guion evita el melodrama para centrarse en la rutina y la resistencia cotidiana frente a un sistema que mercantiliza la vida.
El capitalismo no cubre la baja por cuidados 💸
Ver a dos personas intentando construir una utopía mientras una se muere y la otra cobra por cuidarla tiene su aquel. Hamaguchi nos recuerda que, en el fondo, el capitalismo no te paga las horas extras de ternura. Lo más cercano a un paraíso aquí es un piso compartido con vistas a un hospital, y ni siquiera eso está libre de hipoteca.