Netflix ha lanzado una serie animada de cuatro partes que bebe directamente de dos fuentes opuestas pero complementarias: la caza de vampiros de Blade y los combates desmedidos de Dragon Ball Z. Con una atmósfera gótica y una mitología vampírica densa, Castlevania llena el vacío que dejó la incierta nueva película de Blade. Aquí no hay superhéroes de día, solo azotes de látigo y explosiones de ki al anochecer.
Animación fluida y efectos que elevan el combate gótico 🧛
Técnicamente, la serie emplea un estilo de animación 2D con influencias del anime de los 90, priorizando coreografías rápidas y planos secuencia en las peleas. El estudio encargado ha utilizado software de interpolación para suavizar los movimientos de los personajes, mientras que los fondos pintados a mano evocan el arte oscuro de Ayami Kojima. La iluminación dinámica, con sombras profundas y destellos de ataques mágicos, recuerda a los efectos de partículas de Dragon Ball Z, pero con una paleta de colores más fría y mortuoria.
El día que un vampiro recibió un Kamehameha bendito ⚡
Ver a un cazador lanzar un golpe de energía sagrada contra un conde drácula con bigote es tan absurdo como necesario. En un momento, el protagonista parece más preocupado por su medidor de ki que por la estrategia de combate. Y sí, hay un personaje secundario que grita los nombres de sus ataques durante tres episodios seguidos. Al final, la serie logra que te preguntes si Blade entrenó en la cámara de la gravedad de la Iglesia.