El Festival de Cannes mostró dos visiones opuestas del cine estadounidense. Steven Soderbergh estrenó un documental sobre John Lennon que emplea inteligencia artificial para reconstruir su última entrevista radial. El resultado es un engendro visual frío y artificial que ha generado rechazo. En la otra esquina, James Gray presentó una obra de excelente clasicismo, donde el rostro humano de actores como Adam Driver, Miles Teller y Scarlett Johansson recupera la emoción y la narrativa tradicional.
La IA como maquillaje digital sin alma 🎭
Soderbergh utilizó IA generativa para animar fotografías y recrear el audio de Lennon a partir de grabaciones originales. Técnicamente, el proceso implicó redes neuronales de sincronización labial y modelos de voz sintética. Sin embargo, el resultado es un desfile de rostros plastificados y movimientos erráticos que rompen la conexión emocional. La tecnología, en lugar de servir a la historia, la enterró bajo una capa de artificialidad irritante. El documental se siente como un experimento de laboratorio, no como un homenaje al músico.
Lennon resucitado para darnos cringe 😬
Ver a John Lennon moverse como un maniquí digital congelado en 1980 es un ejercicio de incomodidad. El documental logra lo que parecía imposible: que extrañemos más la voz real de Lennon que la que la IA intenta imitar. Parece un video corporativo de los años 90, pero con más presupuesto y menos alma. Si el beatle levantara la cabeza, pediría que le devuelvan el walkman y que apaguen el ordenador. Al menos James Gray nos recordó que los actores de carne y hueso aún saben hacer su trabajo.