Un estudio científico en Dinamarca reveló el fracaso de un dispositivo diseñado para ahuyentar aves marinas de las redes de pesca. El artefacto, llamado Bobby, es una boya amarilla con ojos giratorios movidos por el viento que simula un depredador. Los investigadores contaron más de mil aves durante 46 días y confirmaron que, tras 23 días, las aves dejaron de temerle, posándose incluso junto a la boya.
Estrategia visual falla por habituación de las aves 🐦
El diseño de Bobby se basó en la imitación de un depredador mediante ojos giratorios y un color llamativo para generar una respuesta de alarma. Sin embargo, la repetición del movimiento y la ausencia de una amenaza real llevaron a la habituación de las aves. El estudio muestra que los sistemas de disuasión visual estáticos o predecibles pierden eficacia rápidamente. Para ser efectivos, estos dispositivos requieren variabilidad en sus patrones o estímulos adicionales que impidan la adaptación de las especies objetivo.
Bobby, el espantapájaros marino que nadie teme 😅
El pobre Bobby terminó siendo más un accesorio de playa que un guardián de redes. Las gaviotas, lejos de huir, lo adoptaron como un nuevo punto de descanso con vista al mar. El invento pasó de ser un depredador simulado a un mueble de jardín flotante. Quizás el próximo prototipo incluya un sistema de sonidos irritantes o, directamente, un cartel que diga: Prohibido posarse.