El personaje Bedlam, creado por John Francis Moore y Steve Epting para Marvel Comics, presenta una capacidad única: generar campos bioeléctricos que interfieren con sistemas electrónicos y el sistema nervioso humano. Desde la perspectiva de la Propiedad Intelectual, este diseño no solo es una obra protegida, sino que su poder específico (la manipulación de señales) abre un debate técnico sobre cómo se protege la representación de una habilidad intangible en el registro de copyright, especialmente cuando se traslada a formatos digitales como modelos 3D o animaciones.
Protección legal del diseño bioeléctrico en modelos 3D ⚡
El registro de un personaje como Bedlam ante la Oficina de Derechos de Autor de EE.UU. protege su apariencia visual y su carácter distintivo, pero el auge de las descargas digitales y los NFTs ha creado un vacío técnico. Un modelador 3D podría recrear la silueta de Jesse Aaronson y venderla como una figura animada con efectos de electricidad estática. Sin embargo, la infracción no siempre es obvia: si se eliminan los rasgos identificativos (como el uniforme o el peinado), pero se conserva la habilidad de emitir campos de interferencia, el tribunal debe determinar si el poder es un elemento nuclear del personaje. El caso Marvel vs. NCSoft (City of Heroes) sentó un precedente sobre la creación de avatares con poderes similares a mutantes, sugiriendo que la simple mecánica de juego no es infracción si no replica el lore exacto.
El dilema de la interferencia digital no autorizada 🔌
La interferencia bioeléctrica de Bedlam es una metáfora perfecta para el conflicto legal actual: los derechos de autor intentan bloquear la circulación no autorizada de obras digitales, pero la tecnología (como la IA generativa o los marketplaces descentralizados) permite esquivar ese campo de contención. Si un creador independiente lanza un NFT de un mutante que emite pulsos eléctricos, Marvel podría alegar dilución de marca. Sin embargo, el demandado podría argumentar que el poder de interferir con sistemas es un tropo genérico de la ciencia ficción. La clave estará en si el diseño del personaje original (con su historia y nombre) es tan icónico que cualquier representación de un humano electrificado remite automáticamente a Bedlam, forzando a los jueces a definir los límites de la inspiración frente a la copia servil.
Si la bioelectricidad de Bedlam se tokeniza como un NFT que otorga derechos de uso sobre su representación visual, pero el personaje sigue siendo propiedad de Marvel, ¿cómo se resolvería el conflicto entre el copyright del estudio y la propiedad digital del comprador en un hipotético litigio?
(PD: Thaler quería que su máquina fuera autora, yo solo quiero que mi impresora 3D no se atranque a las 3am)