El artista figurativo Anthony Eyton, residente en Brixton desde hace siete décadas y veterano del ejército entre 1942 y 1947, ha sumado una nueva faceta a su longeva carrera: a sus 103 años, publica regularmente en Instagram con ayuda de su hija Sarah. Su pasión por el dibujo nació a los seis años, cuando trazó un pato y un gusano en su libro escolar. Cinco de sus cuadros llegaron a tiempo para ser enmarcados y expuestos, algo que el propio londinense califica como un milagro dada su edad.
De los pinceles al scroll: la logística digital de un nonagenario centenario 🎨
La estrategia de Eyton no depende de algoritmos complejos ni de equipos de marketing. Su hija Sarah gestiona la cuenta de Instagram, digitalizando obras y publicando imágenes del proceso creativo. El artista pinta en su estudio de Brixton, y Sarah se encarga de la selección, el etiquetado y la interacción con seguidores. El resultado es un flujo constante de contenido que conecta a un público global con la obra de un pintor que comenzó su carrera antes de que existiera internet. La exposición reciente, con cinco cuadros enviados y colgados a tiempo, funcionó como un hito técnico y logístico para alguien de su edad.
El milagro de llegar a tiempo, o cómo desafiar a los plazos con 103 años ⏳
Eyton asegura que es un milagro que sus cinco cuadros llegaran a tiempo para la exposición. Cualquier otro artista de 103 años probablemente habría culpado al correo, a la lluvia o a la falta de café. Pero él, que ya ha visto dos guerras mundiales y la invención del smartphone, simplemente lo resolvió con ayuda familiar. La moraleja: si un pintor centenario puede cumplir plazos, quizá el resto de mortales deberíamos dejar de quejarnos de los tiempos de entrega. O al menos, pedir ayuda a nuestros hijos.