En 1992, Infogrames lanzó un juego que cambió las reglas del terror. Alone in the Dark combinó una atmósfera lovecraftiana opresiva con personajes tridimensionales hechos de polígonos, una rareza técnica para la época. Lejos de los sprites planos, la mansión Derceto cobraba vida con ángulos de cámara fijos y una sensación de claustrofobia que pocos títulos habían logrado transmitir hasta entonces. Fue un experimento arriesgado que marcó un antes y un después en el género.
Polígonos, fondos prerrenderizados y un motor propio 🕹️
El desarrollo técnico fue un desafío. El equipo usó un motor 3D casero para modelar a los protagonistas y monstruos con unos pocos cientos de polígonos, mientras los fondos eran imágenes prerrenderizadas fijas. Esto permitía una ilusión de profundidad sin exigir hardware potente. Los controles en tanque, hoy considerados arcaicos, eran necesarios para navegar esos escenarios estáticos. La iluminación dinámica, aunque limitada, lograba sombras y efectos que aumentaban la tensión. Todo ello corriendo en hardware de 1992.
Saltos de fe y puzles que nadie pidió 🤔
Claro, no todo era perfecto. Saltar en este juego era una apuesta: nunca sabías si tu personaje poligonal caería al vacío o se quedaría flotando en el borde de una plataforma invisible. Los puzles, además, parecían diseñados por un bibliotecario con rencor. ¿Una llave dentro de un piano en una habitación sellada? Por supuesto. Pero hey, si lograbas esquivar los bugs y los acertijos absurdos, te esperaba una experiencia de terror que, para 1992, era casi tan real como la vida misma. O al menos, como la vida en una mansión embrujada.