La guerra de los Hz en monitores sigue escalando, pero no todos los incrementos son iguales. Mientras que pasar de 60 a 144 Hz transforma por completo la experiencia visual, el salto a 240 Hz solo ofrece ventajas palpables en entornos muy concretos. Analizamos dónde merece la pena cada frecuencia. ⚡
La reducción de latencia: el factor decisivo en eSports 🎯
La diferencia entre 144 Hz y 240 Hz se traduce en apenas 2,8 ms menos entre fotogramas. En títulos como Valorant o CS2, esa ventana de tiempo permite reaccionar antes a un enemigo o ajustar un tiro. Sin embargo, en juegos narrativos o tareas de ofimática, el ojo humano no percibe esa fracción. El salto de 60 a 144 Hz, con 11,1 ms de mejora, sí resulta evidente para cualquier usuario.
Cuando los Hz se convierten en moneda de cambio 💸
Claro, si tu rutina se limita a ver Netflix y abrir Excel, un monitor de 240 Hz te hará sentir como un piloto de F1 en un semáforo. La fluidez extra solo servirá para que las barras de carga parezcan más rápidas. Pero oye, si tu orgullo necesita justificar el gasto, siempre puedes decir que los 2,8 ms te separan de la gloria en el ranking de bronce.