El deportista español Higinio Rivero ha escrito una página singular en el paralimpismo. Logró representar a España en tres disciplinas distintas, combinando juegos de verano e invierno. Tras diplomas en piragüismo en Tokio 2020 y París 2024, cerró su ciclo en Milán-Cortina 2026 con un puesto 20 en esquí de fondo. Aunque valora abrir camino, es autocrítico, especialmente con su resultado en biatlón, una decepción que ya mira como motivación para Los Alpes 2030.
Adaptación técnica: del agua a la nieve 🏔️
El salto de la piragua al esquí de fondo y el biatlón implica una reingeniería completa del entrenamiento y el material. La adaptación técnica va más allá de la condición física. Requiere dominar nuevas prótesis o equipos de asistencia específicos para cada deporte, con respuestas biomecánicas opuestas. La transferencia de la potencia del torso, clave en el piragüismo, se redirige hacia las extremidades inferiores para el esquí. En el biatlón, se suma el control de la respiración y la precisión bajo fatiga, un desafío técnico añadido.
Manual para no ser bueno en nada (pero competir en todo) 😏
Rivero parece haber descubierto la fórmula para que los comités de selección nunca te den por perdido. Cuando ven que dominas un deporte, él ya está tramando pasarse a otro con un clima opuesto. Así evita el aburrimiento de la especialización y mantiene a sus rivales en constante desconcierto. ¿Este no era el del kayak?, deben pensar los esquiadores cuando lo ven en la línea de salida. Su plan para 2030 es claro: si algo no sale, siempre queda probar con el curling o el bobsleigh.