Un caso claro expone la brecha de precios en coches eléctricos entre continentes. El Volvo EX30, un SUV compacto, se vende en China con la versión actualizada por un precio equivalente a unos 24.200 euros. En España, el modelo equivalente tiene un precio de salida de 40.000 euros. La diferencia supera los 15.800 euros, una cifra que cuestiona la asequibilidad de la transición eléctrica en Europa.
Misma plataforma, batería y motor, distinto certificado 🔋
Técnicamente, el vehículo es idéntico. Ambos mercados reciben el EX30 basado en la plataforma SEA de Geely, con las mismas opciones de batería y configuraciones de motor. La divergencia en la autonomía anunciada (440 km WLTP en Europa vs 590 km CLTC en China) se explica por los ciclos de homologación, no por una superioridad técnica del modelo asiático. El equipamiento y las prestaciones son comparables.
La tasa europea por la descarbonización 💸
Parece que el impuesto por conducir un eléctrico en el Viejo Continente incluye un suplemento especial por conciencia ecológica. Mientras en China la electrificación avanza con precios que invitan al cambio, aquí debemos pagar un extra por el privilegio de reducir emisiones. Un cálculo simple: con esos 15.800 euros de diferencia, en China podrías cargar la batería del EX30 durante, probablemente, la vida útil del coche. Aquí, ese dinero solo cubre la entrada al club verde.