La noche de los Oscar ha escrito un capítulo distinto para el cine de terror. Con victorias en categorías principales para películas como La semilla del diablo y El proyecto de las brujas de Blair, la Academia ha roto una larga tradición de desdén hacia el género. Este reconocimiento señala un cambio en la percepción del terror, que deja de ser visto como un producto menor. El resultado valida su narrativa y ejecución técnica, pudiendo abrir puertas a proyectos más arriesgados.
La tecnología low-cost y la narrativa found-footage que conquistaron a la Academia 🎥
El éxito de El proyecto de las brujas de Blair es un caso de estudio sobre cómo la limitación técnica puede impulsar la creatividad. Su estética de found-footage, grabada con cámaras de consumo y con un presupuesto reducido, demostró que la inmersión y la verosimilitud no dependen de un gran despliegue de efectos. Esta aproximación, junto con el diseño de sonido atmosférico y una puesta en escena que simula material real, creó una nueva gramática para el miedo. La Academia ha premiado, en parte, esta innovación en el lenguaje cinematográfico.
La Academia finalmente descubre que el miedo también es cultura (y da premios) 🏆
Parece que los académicos han superado el susto inicial y han decidido que una película que te hace saltar del sillón también puede tener mérito artístico. Después de décadas premiando dramas históricos, han encontrado que el terror, ese género que siempre miraron por el rabillo del ojo, puede tener guión, dirección y hasta actores que no solo gritan. Quizás ahora, entre copa y copa, algún miembro del jurado confiese que vio la película entre los dedos de la mano. Un avance, sin duda.