En la película de suspenso Mercy, ambientada en un Los Ángeles de 2029, el equipo de efectos visuales de DNEG enfrentó un desafío singular. Bajo la supervisión de Chris Keller y Simon Maddison, su objetivo no fue crear un mundo futurista espectacular, sino uno creíble y familiar. La filosofía fue clara: evitar los clichés exagerados de la ciencia ficción para priorizar un realismo sutil que permitiera al público concentrarse en la tensa narrativa del detective acusado Christopher Raven.
Pipeline de VFX: realismo basado en referentes existentes 🛠️
El pipeline de trabajo se fundamentó en la investigación y adaptación de tecnología actual. Cada elemento, desde los drones que patrullan la ciudad hasta las interfaces del juez de inteligencia artificial, se inspiró en prototipos y diseños reales. Este enfoque permitió a los artistas de DNEG extrapolar un desarrollo lógico, evitando diseños irreconocibles que rompieran la inmersión. La integración de estos activos digitales en los entornos buscó la sutileza, usando iluminación y tratamientos de cámara que los hicieran sentir parte orgánica del mundo, no elementos llamativos. El mayor reto técnico fue lograr que esta tecnología futurista pero creíble sirviera a la historia sin robarle protagonismo.
La sutileza como mayor efecto visual 🎬
El trabajo en Mercy reflexiona sobre la verdadera función del VFX en la narrativa. Cuando el diseño es tan creíble que pasa desapercibido, facilita la suspensión de la incredulidad y sumerge al espectador en la trama. DNEG demostró que el futuro cercano en el cine no requiere de invenciones radicales, sino de una observación aguda del presente y una ejecución técnica impecable pero discreta, donde los efectos visuales son un personaje de fondo, no el protagonista.
¿Cómo creó DNEG un Los Ángeles futurista creíble y atmosférico para Mercy sin recurrir a escenarios completamente digitales?
(PD: Los VFX son como la magia: cuando funcionan, nadie pregunta cómo; cuando fallan, todos lo ven.)