El Ayuntamiento de Zaragoza ha anunciado que, a partir de julio, reducirá frecuencias en autobuses y tranvías durante las horas de menor uso. La medida busca ahorrar costes adaptando la oferta a la demanda real de la temporada estival. Los usuarios deberán asumir esperas más largas en paradas durante las horas valle, aunque desde el Consistorio aseguran que el servicio se vuelve más eficiente.
Sistemas de control de flota optimizan la reducción de frecuencias 🚍
La planificación se apoya en datos históricos de ocupación recogidos por sensores y validadores. Los sistemas de ayuda a la explotación (SAE) permiten ajustar los horarios en tiempo real según la afluencia. Para el tranvía, la reducción se concentra en intervalos de paso que pasan de 5 a 10 minutos en tramos de baja demanda. En autobús, algunas líneas periféricas verán suprimidas expediciones en horario de tarde. El objetivo es mantener un servicio suficiente sin sobredimensionar la flota.
El tranvía pasa de ir como una sardina a ir como un fantasma 👻
Quienes madruguen para ir a la piscina municipal se encontrarán con que el tranvía ya no pasa cada cinco minutos, sino que aparece con la puntualidad de una siesta de agosto. Eso sí, al menos podrán elegir asiento. La jugada municipal es simple: si no hay gente, no hay viajes. Y si hay que esperar diez minutos bajo el sol, al menos se ahorra en electricidad. Un clásico: menos buses, más sudor, y la misma tarifa.