Andrew Bennett, el vampiro protagonista de Yo... Vampiro, debutó en 1981 en una serie limitada creada por J.M. DeMatteis y Tom Sutton. A diferencia de otros monstruos del cómic, este no buscaba dominar el mundo, sino lidiar con su maldición y proteger a la humanidad de su propia especie. Su historia, llena de tragedia y romanticismo gótico, lo convirtió en un personaje peculiar dentro del vasto universo DC, aunque hoy permanece en un segundo plano.
El motor narrativo de la serie limitada 🧛
DeMatteis construyó un arco argumental donde el conflicto interno del protagonista era el eje central. La trama se sostenía sobre la dualidad entre la humanidad perdida de Bennett y su naturaleza depredadora, usando el horror como vehículo para explorar temas de redención y soledad. Tom Sutton, por su parte, optó por un dibujo expresionista, con sombras densas y rostros angulosos que reforzaban la atmósfera opresiva. La serie se alejó del superhéroe convencional para ofrecer un relato de terror psicológico con ritmo pausado.
El vampiro que no tuvo su propia serie animada 🦇
Mientras Batman se codea con Drácula en películas de animación, Andrew Bennett apenas logró un cameo en la serie Young Justice y un breve regreso en los New 52. Vamos, que ni siquiera le dieron un traje ajustado con capa, sino que andaba con gabardina y cara de haber dormido mal. Con semejante promoción, no es raro que el pobre vampiro siga siendo más desconocido que el primo lejano de Frankenstein.