Hong Kong se prepara para la apertura de un pequeño supermercado con un empleado muy particular: un robot humanoide llamado Xiao Gai. Con 1,68 metros de altura y capacidad para alcanzar productos a 2,3 metros, este autómata repone estantes, cobra en caja y conversa con los clientes. La promesa es clara: compras más rápidas y sin colas, aunque el precio podría ser la desaparición de algunos puestos de cajeros.
Un brazo robótico que también cobra y charla 🤖
Xiao Gai no es un simple dispensador. Su diseño integra sensores para navegar pasillos estrechos y brazos articulados que alcanzan estantes altos sin titubear. En caja, procesa pagos con una interfaz táctil y responde preguntas básicas de los clientes mediante un sistema de voz. La empresa propietaria planea expandir este modelo a diez grandes urbes globales, replicando la fórmula. La tecnología avanza, pero su fiabilidad en interacciones complejas aún está por demostrarse.
Adiós, cajero; hola, colega de metal 🦾
Mientras Xiao Gai promete eficiencia, los cajeros humanos empiezan a sudar. No por el trabajo físico, sino porque su sustituto no pide aumentos, no llega tarde y nunca olvida el código de barras. La ironía es que, para quejarse de la máquina, el cliente tendrá que hablar con ella. Y lo peor: seguro que el robot responde con una sonrisa de LED mientras te cobra el pan. La automatización avanza, y el único que no protesta es el propio Xiao Gai.