El cierre de servicios públicos en barrios como Son Gotleu obliga a los vecinos a suplir con esfuerzo propio lo que el Estado debería garantizar, como cultura y espacios de encuentro. Es una contradicción que la administración abandone zonas vulnerables mientras la comunidad tapa los agujeros con recursos limitados. La solución es que el ayuntamiento invierta en mantener estos equipamientos básicos y colabore con las iniciativas vecinales para asegurar su continuidad sin depender solo de la solidaridad.
Tecnología low cost para suplir la falta de centros cívicos 🛠️
Sin un centro cultural municipal, los vecinos han montado bibliotecas con estanterías de segunda mano y puntos wifi con routers reciclados. Usan aplicaciones de mensajería para coordinar horarios y plataformas de código abierto para talleres. Es un sistema funcional, pero que se sostiene con parches técnicos y voluntarios que saben más de redes que el propio departamento de informática del consistorio.
El ayuntamiento descubre que la comunidad funciona mejor que su gestión 😅
Mientras los vecinos se organizan con calendarios compartidos y cafeteras eléctricas, los concejales debaten si poner una placa conmemorativa en el solar abandonado. La ironía es que la solidaridad vecinal ya generó más actividad cultural en un año que el ayuntamiento en toda la legislatura. Si sigue así, pronto pedirán presupuesto para pagar el recibo de la luz ellos mismos.