Uber planea desplegar una flota de robotaxis en Madrid, aunque con un supervisor humano al volante para intervenir en caso de fallo. La medida busca abaratar costes y reducir accidentes, pero los estudios advierten de limitaciones técnicas en condiciones adversas como oscuridad o niebla. El negocio, según la compañía, justifica el riesgo.
Luces y sombras de la conducción autónoma 🚗
Los vehículos autónomos eliminan errores humanos como distracciones o alcohol, pero fallan en entornos complejos: noche cerrada, niebla densa o giros cerrados. A esto se suman riesgos de software mal actualizado o ciberataques que podrían dejar el coche inmovilizado o, peor, tomando decisiones erráticas. Uber confía en que su supervisor humano tape estos agujeros, aunque nadie garantiza que el empleado esté igual de atento en su turno de noche.
El negocio es el negocio, aunque llueva niebla 💰
Uber dice que el negocio es el negocio, y vaya si lo es. Mientras los ingenieros resuelven cómo evitar que un robotaxi se pierda en un banco de niebla, los directivos ya calculan cuántos sueldos de conductor se ahorrarán. Eso sí, el supervisor humano irá dentro, probablemente preguntándose si su puesto durará más que la batería del coche. Al fin y al cabo, un ciberataque es caro, pero pagar a un empleado es un gasto recurrente.