La plataforma de transporte Uber ha presentado una demanda contra la ciudad de Nueva York para frenar una ley local que exige una causa justa para despedir conductores. La empresa argumenta que la normativa la obliga a mantener en sus filas a choferes peligrosos o que cometen fraudes. Sin embargo, el trasfondo real es otro: la ley dificulta despedir a quienes intentan organizarse sindicalmente, usando la seguridad pública como excusa para mantener el control sobre una fuerza laboral precaria.
Algoritmos contra derechos: la tecnología como excusa legal 🚫
La demanda de Uber se apoya en su sistema automatizado de evaluación de conductores, que la empresa presenta como una herramienta objetiva para detectar riesgos. Pero este algoritmo es una caja negra: no se audita públicamente y puede calificar a un conductor como peligroso por rechazar viajes o por tener baja aceptación de solicitudes. La ley neoyorquina obligaría a Uber a mostrar pruebas concretas antes de un despido, algo que choca con su modelo de opacidad tecnológica. En el fondo, el pleito no es por seguridad, sino por mantener la capacidad de despedir sin dar explicaciones.
El ciudadano, más seguro con un conductor que no puede protestar 😅
Según Uber, sin la posibilidad de despedir a voluntad, las calles de Nueva York se llenarán de conductores malvados que roban riñones a los pasajeros. O al menos eso parece insinuar la demanda. La realidad es que el ciudadano no estará más seguro con un ejército de choferes despedibles al instante, sino más explotado. Quizás lo próximo sea que Uber exija que los pasajeros firmen un contrato de confidencialidad antes de subir al coche, no sea que el conductor les cuente que quiere formar un sindicato.