Antes de que Batman monopolizara la noche gótica de Ciudad Gótica, hubo otros justicieros con menos presupuesto y más sentido del humor. Uno de ellos fue The Jester, un payaso de circo llamado Chuck Lane que debutó en 1942 de la mano de Paul Gustavson. No, no es el Joker. Es el otro. El de la capa y la risa forzada. Un héroe que desapareció sin hacer ruido.
El desarrollo técnico de un héroe olvidado 🤡
Chuck Lane no tenía gadgets ni batmóviles. Su equipo era un disfraz de arlequín, una capa y un arsenal de trucos de circo: bolas de malabares explosivas, una espada retráctil y una risa estridente para desorientar enemigos. Gustavson lo dibujó con líneas simples y sombras marcadas, típicas de la edad de oro. Su técnica narrativa era directa: presentación, pelea, resolución. Sin monólogos. Sin desarrollo de personaje. Funcionó durante tres números de Funny Pages y luego desapareció del canon.
El payaso que se fue sin dejar propina 🎪
The Jester duró lo que un chiste malo en una cena formal. Mientras el Joker se volvía icónico, Chuck Lane se esfumó de los cómics sin que nadie preguntara por él. Quizás su error fue no tener un origen trágico o un enemigo memorable. O quizás el público ya tenía suficiente con un payaso como villano como para aguantar a otro como héroe. Al final, The Jester es la prueba de que en DC hasta los payasos pueden ser olvidados.