Una campaña ciudadana exige detener el vertido de aguas residuales tratadas al río Támesis. Thames Water planea liberar 75 millones de litros diarios para reemplazar agua potable extraída, pero los activistas consideran insuficiente el tratamiento previsto. La nueva planta no eliminaría micropoluentes como pesticidas, lo que pone en riesgo la salud pública y el ecosistema del río. Las facturas de agua podrían subir para financiar mejoras técnicas, pero el proyecto actual no garantiza la protección del cauce ni de los ciudadanos.
Tecnología de filtración avanzada: la clave que falta en el proyecto 🧪
La solución técnica existe, pero Thames Water no la aplica. Sistemas de ozono, carbón activo o membranas de ósmosis inversa pueden eliminar hasta el 95% de los micropoluentes. Estos procesos ya se usan en plantas de Suiza o Alemania para tratar aguas residuales. Sin embargo, el plan actual solo contempla un tratamiento básico que deja pasar pesticidas, residuos farmacéuticos y compuestos hormonales. Los activistas exigen que la nueva planta cumpla estándares internacionales más estrictos, algo que la empresa evita por el costo adicional de implementación.
Agua reciclada con sabor a pesticida, la nueva receta de Thames Water 🐟
La propuesta de Thames Water parece sacada de un menú de dudosa calidad: 75 millones de litros diarios de caldo químico servido directamente al Támesis. Los peces del río tendrán que acostumbrarse a un cóctel de pesticidas y residuos farmacéuticos, mientras los clientes pagan la cuenta con facturas más altas. Si el proyecto sigue adelante, pronto podríamos ver anuncios como Nuestro agua residual tratada: ahora con menos trozos visibles. Una idea genial para quien no tenga que beberla.