Transport for London ha dicho no a la instalación de kits de control de hemorragias en sus autobuses, a pesar de las peticiones del Ayuntamiento para mejorar la respuesta ante incidentes violentos. La entidad argumenta que estos equipos requieren formación específica y que los botiquines actuales son suficientes. Esto deja a la capital sin una herramienta extra para detener hemorragias graves en paradas o rutas, a diferencia de ciudades como Birmingham.
La tecnología de emergencia que Londres deja en el andén 🚑
Los kits de control de sangrado incluyen torniquetes, gasas hemostáticas y vendajes de presión, diseñados para que cualquier persona pueda usarlos sin entrenamiento médico. Ciudades como Birmingham los han instalado en puntos estratégicos tras ataques con arma blanca. TfL, sin embargo, sostiene que su personal no está capacitado para usarlos y que los botiquines básicos ya cubren las necesidades. La decisión ignora estudios que muestran que estos kits pueden duplicar las tasas de supervivencia en los primeros minutos tras una hemorragia.
Mejor llevar un torniquete en el bolsillo, por si acaso 🎒
Visto lo visto, quizás lo más sensato es que los londinenses empiecen a llevar su propio kit de emergencia en la mochila, junto al paraguas y la tarjeta de transporte. Porque, según TfL, un botiquín con tiritas y un antiséptico es suficiente para un apuñalamiento. Casi como si vendieran curitas para frenar una hemorragia masiva. Mientras, en Birmingham, los autobuses ya tienen el equipo. Aquí, toca improvisar o rezar para que el conductor sepa hacer un nudo con el cinturón.