A unos 50 kilómetros de la actual Ciudad de México se alza Teotihuacán, una metrópoli que en su apogeo albergó a más de 100 mil personas. Sus pirámides del Sol y la Luna dominan el paisaje, pero los arqueológicos aún debaten quiénes fueron sus constructores y por qué la abandonaron siglos antes de que los aztecas llegaran a nombrarla ciudad de los dioses.
Construcción masiva sin planos ni grúas 🏛️
La disposición urbana de Teotihuacán sigue un eje norte-sur preciso, con la Calzada de los Muertos como columna vertebral. Para erigir la Pirámide del Sol, de 63 metros de altura, se movieron 2.5 millones de toneladas de piedra y tierra sin ruedas ni animales de carga. Los teotihuacanos usaron una técnica de núcleo de tierra y recubrimiento de piedra, logrando estructuras estables que han resistido siglos de sismos. El drenaje pluvial y los canales bajo las calzadas indican un nivel de planificación hidráulica avanzado.
Abandono: cuando la ciudad se quedó sin vecinos 🏚️
Alrededor del año 650 d.C., Teotihuacán fue abandonada de forma gradual. Las teorías van desde una revuelta interna hasta una sequía prolongada. Lo curioso es que los aztecas, siglos después, la encontraron vacía y decidieron que era un lugar sagrado, lleno de dioses. Es decir, los nuevos inquilinos no sabían quién había vivido allí, pero asumieron que eran seres divinos. Una forma elegante de decir aquí no ha pasado nada, solo unos vecinos muy callados.