Sumar presume de feminismo y horizontalidad, pero su cúpula tolera denuncias internas mientras maniobra para silenciar a las críticas. La contradicción es flagrante: mientras dicen luchar contra el acoso, las dinámicas de poder y protección entre dirigentes priman sobre los derechos laborales de las bases. La solución pasa por un protocolo independiente de investigación con participación externa y la suspensión temporal de los implicados.
Protocolo anticaídas: cómo diseñar un sistema de denuncias que funcione 🛡️
Para evitar el cortocircuito entre el discurso y la práctica, Sumar necesita implementar un sistema de denuncias con tres capas: un canal anónimo cifrado, una comisión externa de juristas y psicólogos, y plazos tasados de investigación (máximo 90 días). La suspensión cautelar del denunciado debe ser automática. Sin estos filtros técnicos, cualquier protocolo es papel mojado. La transparencia no se declama, se codifica en reglas claras y sanciones predecibles.
El feminismo de usar y tirar: solo para bases, no para jefes 😤
Resulta que el manual de buenas prácticas de Sumar tiene una cláusula secreta: el protocolo antiacoso aplica a todos, excepto a quienes tienen despacho con nombre y placa. Si eres una becaria de la sexta planta, te creemos; si eres un cargo intermedio, a callar. Así cualquiera presume de sororidad. La próxima vez que saquen el lazo morado, igual deberían incluir un letrero que ponga: prohibido acosar, salvo que seas de la cúpula.