La app de running valorada en 2.200 millones de euros ha decidido restringir el acceso a su API y empezar a cobrar a los desarrolladores. La excusa oficial es proteger la privacidad de sus 180 millones de usuarios, pero la realidad apunta a su próxima salida a bolsa. Strava quiere blindar su activo más valioso: los datos de los corredores, sus rutas y su ritmo cardíaco.
API de pago: el fin de las apps gratuitas basadas en Strava 💰
Hasta ahora, cientos de aplicaciones de terceros usaban los datos de Strava sin coste para ofrecer servicios útiles, desde planificación de rutas hasta análisis del sueño. Con el nuevo modelo de pago, los desarrolladores tendrán que pasar por caja. Este coste, lógicamente, acabará repercutiendo en el usuario final. La privacidad es un derecho, pero no se protege cobrando por el acceso a los datos; se protege con leyes y transparencia. Aquí el negocio manda.
Tu privacidad, ahora con IVA incluido 🔒
Que no te vendan la moto. Strava no está defendiendo tu intimidad, está poniendo precio de mercado a tus kilómetros. La privacidad no se tasa, se garantiza. Pero claro, si tu sudor y tus pulsaciones valen millones, es normal que quieran cobrar entrada. Mientras tanto, tú sigues subiendo tus rutas gratis, como un buen donante de datos. Al menos, cuando salgan a bolsa, sabrás que tu trote matutino ayudó a financiar el yate de algún ejecutivo.