El 12 de junio, Netflix estrena Soy Frankelda, la primera película mexicana realizada con la técnica de stop motion. Producida por Guillermo del Toro, la cinta requirió cuatro años de trabajo artesanal. La historia sigue a una escritora fantasma del siglo XIX que busca el reconocimiento que en vida le fue negado. Un proyecto que demuestra que la animación en México no solo existe, sino que se toma su tiempo.
Cuatro años de artesanía digital: el lento arte del stop motion 🎬
Cada fotograma de Soy Frankelda fue capturado de forma manual, moviendo títeres y escenarios a escala real. El equipo construyó más de 30 decorados y 50 personajes articulados, utilizando silicona y resina. Para lograr el movimiento fluido, se filmaron 24 fotogramas por segundo, lo que significa que una escena de un minuto requirió 1,440 ajustes manuales. Un proceso lento, caro y meticuloso que contrasta con la inmediatez digital que domina el mercado.
Una escritora fantasma: el drama de no tener créditos ni sueldo 👻
La protagonista es una escritora fantasma, una figura que cualquier redactor freelance reconoce al instante. Pasar cuatro años trabajando sin que nadie sepa tu nombre, moviendo piezas minúsculas mientras otros se llevan el aplauso, suena más a documental laboral que a película de terror. Al menos ella es un fantasma con oficio; nosotros solo tenemos plazos de entrega y café frío.